¿Se está preparando un golpe de Estado blando en México?

En diversas regiones del país se está manifestando un fenómeno social relativamente novedoso: algunas organizaciones identificadas con ideologías de “derecha” están saliendo a las calles a expresar su malestar, desacuerdo o inconformidad con la gestión de gobierno realizada por el actual titular del ejecutivo federal, Andrés Manuel Lopez Obrador. Te invitamos a leer el ensayo elaborado por el profesor Benito Ramírez Martínez.

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Por: Benito Ramírez Martínez

En diversas regiones del país se está manifestando un fenómeno social relativamente novedoso: algunas organizaciones identificadas con ideologías de “derecha” están saliendo a las calles a expresar su malestar, desacuerdo o inconformidad con la gestión de gobierno realizada por el actual titular del ejecutivo federal, Andrés Manuel Lopez Obrador (https://www.forbes.com.mx/politica-que-es-el-frente-nacional-anti-amlo-quienes-lo-apoyan/).

Dichas expresiones de repudio se materializan mediante la organización de supuestas “marchas”, que más bien son caravanas de automóviles, siendo la mayoría vehículos de alta gama económica, lo cual pudiese dar una idea de la elevada posición socioeconómica de sus propietarios (https://www.lja.mx/2020/05/el-peligro-de-frenaa-memoria-de-espejos-rotos/). Se sabe que los organizadores de estas singulares “marchas” forman parte o están relacionados con una agrupación política denominada “Congreso Nacional Ciudadano”, la cual es presidida por Gilberto Lozano Rodríguez, un furibundo exfuncionario del gobierno del anterior presidente Vicente Fox Quesada, quien, en forma por demás “rabiosa”, en comentarios expuestos en redes sociales, ha criticado las medidas económicas de Andrés Manuel y, en tiempos más recientes, encabezado un autodenominado Frente Nacional Anti-Amlo FRENAAA (https://www.elimparcial.com/mexico/Lo-que-se-sabe-de-Frenaaa-grupo-que-hizo-caravanas-anti-AMLO-20200616-0042.html).

En forma particular, este controversial personaje ha manifestado abiertamente su deseo de que las fuerzas armadas de México den un golpe de Estado contra el presidente Lopez Obrador (https://polemon.mx/gilberto-lozano-quiere-derrocar-a-amlo-pide-al-ejercito-dar-golpe-de-estado). Adicionalmente, también ha presentado una denuncia de juicio político contra el ejecutivo federal, porque presuntamente ha cometido el delito de “traición a la patria” (artículo 123, Código Penal Federal), motivada por veinte “hechos perfectamente documentados”. Cabría decir que, paradójicamente, contrariamente a lo que afirma Gilberto Lozano, por el hecho de pedir al ejército que se levante en armas contra el presidente y a la población civil a manifestarse violentamente, a dicho personaje se le podrían configurar los delitos de sedición, motín o rebelión, si prosperasen sus esfuerzos en amotinar a miembros de las fuerzas armadas o que personas de la sociedad civil, con violencia y uso de armas, traten de “separar o impedir el desempeño de su cargo a alguno de los altos funcionarios de la Federación mencionados en el artículo 2o. de la Ley de Responsabilidades de los Funcionarios y Empleados de la Federación, del Distrito Federal y de los Altos Funcionarios de los Estados” (artículos 130, 131 y 132, fracción III, Código Penal Federal).

No obstante lo anterior, creo que el actual representante del gobierno federal no ha caído en la trampa de iniciar la investigación de alguna probable conducta delictiva en contra de este oscuro personaje, debido a que posiblemente considera que este activista político carece de una suficiente influencia social para rebelar a la población mexicana y resultaría contraproducente comenzar una persecución judicial en su contra, pues ello podría proporcionarle mayor popularidad y exhibición mediática, si se diese el caso de crearle una imagen de “mártir” o perseguido político.

A raíz de lo anterior y de otros signos de movilización política, algunos expertos analistas políticos han comenzado a manejar el tema de intentos de golpe de Estado en su modalidad de “blando o suave” contra el gobierno de López Obrador (https://www.contralinea.com.mx/archivo-revista/2020/05/05/oposicion-fragua-golpe-de-estado-blando-contra-amlo-expertos/). Por ejemplo, en la nota anterior se recoge la opinión del doctor en economía por la Universidad Nacional Autónoma de México, Carlos Antonio Aguirre Rojas, quien señala que un golpe de estado blando o suave se caracteriza por hacer uso de las siguientes acciones: “sin usar una violencia desmesurada, sin decir nos imponemos por la vía de las armas, de los ejércitos o de la policía de manera brutal. Se da corroyendo las bases sociales, la credibilidad. Se va presentando al gobierno que se quiere derrocar como absolutamente incapaz, ilegítimo, suspendido en el aire y se trata de relegitimar otra alternativa que es la que va a dar el golpe de Estado blando… implica hacer campañas de miedo, de criminalidad, exponer casos que escandalizan y conmueven a la opinión pública para decir: la culpa es del gobierno. Luego, hacer otras campañas de propaganda para decir que todas las medidas del gobierno han fracasado… resalta que el gobierno no sirve, igual en lo político, social y cultural. Mina todas sus bases sociales y de apoyo, así como de los grupos que lo sostienen para entonces crear una situación de crisis constitucional y aprovechar una medida para derrocarlo”.

En la nota que se comenta, se identifica a alguno de los principales promotores de este pretendido golpe de estado blando o suave, diciendo: “La estrategia de desprestigio que impulsan medios de comunicación –según el presidente, entre ellos Reforma, El Universal, Televisa–, líderes de opinión –como Ferriz de Con, Carlos Loret de Mola, Joaquín López-Dóriga, Denisse Dreser, Leo Zuckerman, entre otros muchos columnistas– y otras figuras públicas de la farándula –como Eugenio Derbez, Laura Zapata, Thalía, Héctor Suárez Gomiz– y deportistas –Javier Hernández, Chicharito–…”. Respecto a ellos, el también doctor en antropología Gilberto López y Rivas sostiene que representan “el sicariato mediático que continúa golpeando de un lado u otro, de acuerdo con los intereses que representan y que nunca se sabe para dónde van”. Identifica también a políticos, como el expresidente Felipe Calderón, a quienes considera como el “núcleo desplazado que no encuentra acomodo. Se siente profundamente lesionado por lo que está sucediendo. Ésta es la expresión de la derecha y la ultraderecha mexicana”.

Considero pertinente ahora precisar cómo se puede identificar un golpe de Estado blando o suave, de acuerdo a la información que proporciona la nota que arriba citamos, en la que se menciona que la definición del concepto fue acuñada por el politólogo estadunidense Gene Sharp, atribuyéndole la ejecución de las cinco fases siguientes: “Primera: se llevan a cabo acciones para generar y promocionar un clima de malestar, como “denuncias de corrupción” y “promoción de intrigas”. Segunda: se procede a desarrollar intensas campañas en defensa de la libertad de prensa y de los derechos humanos acompañadas de acusaciones de totalitarismo contra el gobierno en el poder. Tercera: esta fase se centra en la lucha activa por reivindicaciones políticas y sociales y en la promoción de manifestaciones y protestas violentas, que amenacen a las instituciones. Cuarta: en este punto se llevan a cabo operaciones de guerra psicológica y desestabilización del gobierno, creando un clima de “ingobernabilidad”. Quinta: la fase final tiene por objeto forzar la renuncia del presidente mediante revueltas callejeras para controlar las instituciones, mientras se mantiene la presión en las calles; paralelamente se va preparando el terreno para una intervención militar, mientras se desarrolla una guerra civil prolongada y se logra el aislamiento internacional del país”.

Analizadas las anteriores fases del golpe de Estado blando, podemos afirmar que el ejemplo más reciente de su ejecución lo encontraríamos en Bolivia, donde luego de que el presidente constitucional Evo Morales ganó su reelección para un cuarto mandato constitucional (https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-49926169), se le atribuyeron en los medios de comunicación una serie de irregularidades y delitos electorales, calificados como fraude, lo que dio lugar a que algunos personajes identificados con los poderosos grupos empresariales bolivianos, utilizando maniobras de manipulación religiosa tomaran el poder, respaldados por las armas de la plana mayor del ejército de dicho país, eligiendo posteriormente como presidenta de facto o espuria a una impresentable Janine Añez Chávez, quien previamente fue segunda vicepresidenta de la Cámara de Senadores de Bolivia (https://expansion.mx/mundo/2019/11/13/quien-es-jeanine-anez-la-presidenta-interina-de-bolivia).

Una vez conocida la ruta crítica teórica y las acciones prácticas para la realización de un golpe de estado blando en contra de un gobierno legítimamente constituido, a continuación procedemos a abordar un factor externo de influencia material que resulta necesario para llevar a cabo una insurrección suave y que algunos expertos omiten en forma tal vez deliberada por razones de diplomacia política, el cual consiste en la intervención de un poderoso gobierno extranjero el cual, mediante el uso de su aparato de inteligencia, apoya las acciones de desestabilización social, económica, política y mediática del país en conflicto, en atención a la procuración de sus propios intereses nacionales sobre otros países o para ejercer una influencia determinante en la toma de decisiones del gobierno resultante del golpe de estado. Para los efectos de este ensayo, resultaría ocioso hablar de ejemplos concretos del fenómeno social que abordamos, sólo válgame señalar que es sobra conocido el nombre de esa potencia extranjera que históricamente ha participado en los golpes de estado duros y blandos que han sufrido los estados latinoamericanos particularmente del sur y centro de nuestro continente.

Ahora bien, en el caso mexicano, ¿resulta correcto afirmar que influyentes medios de comunicación, líderes de opinión, columnistas, figuras públicas de la farándula, famosos deportistas, grupos empresariales y políticos desplazados de sus posiciones de poder estarían preparando un golpe de Estado blando en México, como afirman algunos expertos?

A juicio de quien esto escribe, es muy probable que sí. En la historia reciente de nuestro país jamás se había visto algo semejante a lo que ocurre ahora con las intensas campañas de desprestigio dirigidas contra el actual gobierno federal y ello es fácilmente entendible, debido a que Andrés Manuel López Obrador es el primer presidente de la República en llegar al poder enarbolando una ideología de izquierda (https://politico.mx/minuta-politica/minuta-politica-gobierno-federal/amlo-1er-presidente-de-izquierda-en-m%C3%A9xico-y-qu%C3%A9-m%C3%A1s/); es decir, utilizando un discurso político en el que pone en el primer lugar de atención de las políticas públicas federales a las personas con menores ingresos, a los adultos mayores, a los estudiantes de familias con escasos recursos económicos para solventar su educación y, en general, a los integrantes de los grupos sociales con mayor vulnerabilidad o rezago social y económico. De igual manera, ha combatido prácticas administrativas promotoras o encubridoras de corrupción en la celebración de contratos de obra pública; ha evitado la contratación de gravosos contratos de publicidad en medios de comunicación; ha eliminado las subvenciones que recibían los más influyentes líderes nacionales de opinión (la entrega de chayote, en el argot periodístico); ha suprimido las pensiones millonarias a los expresidentes de la República; etc.

Como nos podemos imaginar, las canonjías que dejaron de recibir muchos de los privilegiados que mencionamos líneas arriba y que ahora se presentan como feroces críticos de las declaraciones, decisiones y acciones del presidente del país, ha sido motivo para que deseen minar la credibilidad del ejecutivo federal con el propósito de desestabilizar al actual régimen de gobierno y generar en el grueso de la población mexicana una percepción de inestabilidad económica, social y política; en pocas palabras, la percepción de un gobierno deshonesto, ineficaz y fallido, que pudiera dar lugar a una insurrección ciudadana para derrocar a López Obrador, como lo han manifestado abiertamente en sus reiteradas caravanas bajo la consigna de #AMLOVeteYa u otras análogas, que también utilizan en redes sociales.

Para finalizar, quisiera analizar, desde el punto de vista de la teoría y de la práctica política, si están dadas las condiciones para que pudiera resultar exitoso un golpe de estado en nuestro país, tomando como punto de partida las cinco fases de un golpe de estado blando que sustenta el politólogo estadunidense Gene Sharp,

“Primera: se llevan a cabo acciones para generar y promocionar un clima de malestar, como “denuncias de corrupción” y “promoción de intrigas”. Respecto a esta, podemos afirmar que sí está desarrollando en la actualidad, argumentando que ha habido diversos casos de corrupción económica por parte de altos funcionarios públicos federales, como son la acumulación de diversos inmuebles con un valor multimillonario, atribuida a Manuel Bartlett Díaz, director general de la empresa paraestatal Comisión Federal de Electricidad(https://www.elsoldemexico.com.mx/mexico/politica/descubren-imperio-inmobiliario-de-23-lujosas-casas-a-bartlett-declararion-patrimonial-800-millones-de-pesos-hijo-esposa-julia-abdala-departamentos-reforma-4101661.html); la compra a sobreprecio de equipos ventiladores para pacientes con coronavirus, imputada a un hijo del propio Bartlett Díaz (https://contralacorrupcion.mx/hijo-bartlett-ventilador-covid-19/); la denuncia mediática de acumulación de una gran riqueza en inmuebles de Irma Eréndira Sandoval, Secretaria de la Función Pública y su esposo, el académico e investigador universitario John Ackerman (https://palabrasclaras.mx/politica/pan-presenta-denuncia-ante-sfp-para-que-se-investigue-a-erendira-sandoval/); etc.

“Segunda: se procede a desarrollar intensas campañas en defensa de la libertad de prensa y de los derechos humanos acompañadas de acusaciones de totalitarismo contra el gobierno en el poder.” En cuanto a esta fase, se afirma que también se está desarrollando, en virtud de que ha habido múltiples declaraciones y señalamientos de que el presidente de la República es un dictador, dirige un gobierno totalitario, que pretende privar a los ciudadanos de sus libertades y derechos humanos (en forma especial, la libertad religiosa y la libertad de decidir sobre la educación de los hijos) y que está siguiendo los pasos de otros dictadores “comunistas” como Fidel Castro, Hugo Chávez, Nicolás Maduro y Evo Morales, comparándolo con dichos expresidentes extranjeros, considerados estereotipos de dictadores y violadores de los derechos humanos de sus gobernados (https://www.milenio.com/opinion/ricardo-aleman/itinerario-politico/no-que-no-el-dictador-amlo; https://www.eluniversal.com.mx/articulo/leonardo-curzio/nacion/amlo-dictador; https://laotraopinion.com.mx/amlo-sigue-puntual-el-manual-del-dictador/; https://www.laoctava.com/nacional/gilberto-lozano-el-proyecto-de-amlo-es-un-clon-del-chavismo)

Tercera: esta fase se centra en la lucha activa por reivindicaciones políticas y sociales y en la promoción de manifestaciones y protestas violentas, que amenacen a las instituciones”. En relación a esta fase, podríamos decir que también se está ejecutando, toda vez que la organización de las caravanas de vehículos se perfila como una estrategia de manifestación pública que pretende la adhesión de más personas, aunque carecen del ingrediente esencial para tener mayor efectividad social, debido a que estos manifestantes carecen de legítimas banderas de reivindicación política o social que legitimen sus manifestaciones de protesta, al ser la mayoría de los que protestan personas que pertenecen a los estratos socioeconómicos medio y alto, lo cual evidencian al conducir automóviles de alta gama y por esta razón la gran mayoría de las personas que los observan, ignoran sus demandas de derrocar a un gobierno popular legítimamente electo. También se debe decir que este tipo de manifestaciones carecen del elemento violencia que pueda amenazar las instituciones, puesto que resulta casi imposible que estos manifestantes de las capas más elevadas de la población pudiesen poner en riesgo su seguridad, estabilidad y tranquilidad personal y patrimonial, participando en actos de violencia; en todo caso, esperan que los que nada tienen que perder, los más pobres, se pudieran unir a sus ilegítimos reclamos y utilizarlos como “carne de cañón”.

Sobre la cuarta y quinta fases del golpe de estado blando: “se llevan a cabo operaciones de guerra psicológica y desestabilización del gobierno, creando un clima de “ingobernabilidad” y “la fase final tiene por objeto forzar la renuncia del presidente mediante revueltas callejeras para controlar las instituciones, mientras se mantiene la presión en las calles; paralelamente se va preparando el terreno para una intervención militar, mientras se desarrolla una guerra civil prolongada y se logra el aislamiento internacional del país”, aún no se desarrollan, debido a que, como ya se dijo antes, nos encontramos en la parte inicial de la tercera fase del golpe de estado blando, en la cual se están realizando manifestaciones de protesta callejera, en la que afortunadamente los manifestantes no cuentan a su favor con banderas de reivindicación políticas o social, lo cual les impide promover manifestaciones y protestas violentas que pudieran amenazar a las instituciones legítimamente constituidas.

A manera de conclusión, podemos decir lo siguiente: en México sí se está preparando un golpe de Estado blando o suave por parte de diversos actores sociales que se encuentran resentidos con las decisiones de política pública emprendidas por el gobierno de Andrés Manuel Lopez Obrador y la pérdida de los privilegios económicos que gozaron impunemente en los regímenes anteriores; afortunadamente, las circunstancias económicas, sociales y políticas no han permitido a los golpistas blandos pasar de la parte inicial de la tercera fase del golpe de estado blando a que alude el politólogo estadunidense Gene Sharp; esto es, los miembros de segmentos socioeconómicos pudientes, que se consideran afectados por las expresiones, acciones y decisiones del actual presidente constitucional no han podido manipular ni involucrar a grupos sociales menos favorecidos en sus manifestaciones de protesta para exigir reivindicaciones sociales o políticas que pudiesen devenir en actos violentos que amenacen el normal desarrollo de las funciones de los gobernantes legalmente electos y de las instituciones legítimamente constituidas.

Menos aún podemos considerar que se estén realizando de manera efectiva “operaciones de guerra psicológica y desestabilización del gobierno, creando un clima de “ingobernabilidad” ni tampoco los poderosos grupos de poder fáctico y político han tenido oportunidad de “forzar la renuncia del presidente mediante revueltas callejeras para controlar las instituciones, mientras se mantiene la presión en las calles…”; menos aún existen señalen de que se está “preparando el terreno para una intervención militar, mientras se desarrolla una guerra civil prolongada y se logra el aislamiento internacional del país”. Sin embargo, no debemos perder de vista que hay señales notorias que los más rabiosos opositores al actual régimen de gobierno quisieran adelantar pasos en esa estrategia de golpe de estado blando, para adelantar las fases teóricas que sostiene Gene Sharp, como es el caso del impresentable Gilberto Lozano, vocero del Congreso Nacional Ciudadano, que ya está llamando a los miembros de las fuerzas armadas mexicanas a una rebelión violenta.

Como colofón de este trabajo, cabe decir que el elemento externo favorecedor de un golpe de estado blando o suave, consistente en la injerencia de una potencia extranjera en los asuntos públicos de un país, mediante el uso de sus equipos de inteligencia, tampoco se ha manifestado, dado que las relaciones diplomáticas del gobierno actual con los poderosos países del orbe se mantienen en un estado de normalidad democrática y de respeto mutuo a las decisiones internas de nuestro régimen político. Esto se debe a que las decisiones de política económica también se han mantenido dentro de los límites de una economía de corte capitalista, que conviene a los intereses económicos y políticos de la mayor potencia extranjera del mundo, de tal suerte que es inviable calificar a nuestro presidente de la República como un “comunista” o un “socialista”, como si ello fuese un signo de degradación personal, moral o social. Es cuanto.

Dato

Benito Ramírez Martínez es profesor de tiempo completo Titular “A” en el CULAGOS, Universidad de Guadalajara.

benito.ramirez@academicos.udg.mx

Facebook: Benito Ramirez

Twitter: @Benito_RamirezM

*Esta publicación es responsabilidad del autor.

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