Volver ahora a las aulas, ¿por qué?

Si el regreso a clases presenciales pretende sortear los sesgos o déficits pedagógicos que derivan de la educación a distancia, debe decirse que el remedio que plantean (el apresurado regreso a clases gradual) resulta peor que la ‘enfermedad’.

Un niño camina frente a un cartel del poeta nicaragüense Rubén Darío en un colegio en Managua (Nicaragua). EFE/Jorge Torres/Archivo

Por: Mtro. Gabriel Torres Espinoza 

gabriel.torres@udgtv.com

Columna invitada

Fundamentalmente, el factor que acompaña a tan inoportuno intento es, la presión de escuelas particulares de regresar a clases presenciales para evitar la pérdida de sus ganancias, que deriva de la caída de la matrícula y/o el impago de colegiaturas. De forma que el regreso a clases presenciales es el único método coercitivo que tienen al alcance para ‘orillar’ a los padres de familia a pagar, y con ello legitimar el cobro, los recargos y las sanciones (como no permitirle la entrada a un alumno que por alguna razón no ha podido pagar). Esa es la cruda realidad de quienes incitan esta medida. Beneficiar una estrategia de cobro, sobre la salud y la vida de las familias.

Evaristo Ruiz González, presidente de la Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF) en Jalisco expuso una ‘verdad de perogrullo’ (algo evidente u obvio), que por oportuna, fue la nota de portada en el diario Mural, ayer domingo 27 de septiembre: «Lo que hemos sugerido es esperar a un contexto seguro, donde ya tengamos la vacuna, donde podamos tener una certeza de no exposición, porque los niños, por lo regular, son portadores del virus aunque no manifiesten la enfermedad y esto podría traer problemas a la familia»… «Viene un cambio de clima, una situación de vulnerabilidad hacia las enfermedades respiratorias y eso complica el panorama entre el dengue, esta pandemia del coronavirus y las enfermedades respiratorias que vienen con el frío»… «A muchos padres de familia los van a meter en un embrollo logístico por llevar a sus hijos por unas cuantas horas a la escuela cada dos semanas. El Gobernador del Estado ha sido enfático en que ya está la reactivación económica por encima de un 90 por ciento y por lo tanto también los papás ya están cubriendo una jornada laboral».

Ahora bien, si el regreso a clases presenciales pretende sortear los sesgos o déficits pedagógicos que derivan de la educación a distancia, debe decirse que el remedio que plantean (el apresurado regreso a clases gradual) resulta peor que la ‘enfermedad’. De acuerdo con datos proporcionados por el titular de la SEJ, apenas el 30 por ciento de los más de 60 mil padres de familia consultados en la encuesta, hasta la semana pasada, avalan el regreso presencial a clases en el próximo mes, siempre y cuando se establezcan protocoles para disminuir el contagio. No obstante, el 32 por ciento señala que sólo enviaría a sus hijos a clases presenciales hasta que se cuente con una vacuna; y un 32 por ciento adicional señala que sólo los enviarían a clases SI EXISTE UNA DISMINUCIÓN SIGNIFICATIVA de la tasa de contagios. Cosa que no está ocurriendo, pues ayer el mismo gobernador Alfaro señaló en Twitter que “subimos la tasa de casos estimados por millón de habitantes de 285.7 a 317.4”.

De forma que, de concretarse el regreso a clases bajo peores condiciones epidemiológicas, el 64 por ciento de los padres de familia no enviaría a sus hijos a la escuela, un hecho que supondría que más de la mitad de la matrícula en educación preescolar y básica, estaría metodológicamente en discrepancia con el resto. Un absurdo. Además de que una gran parte de los maestros se consideran del grupo vulnerable, y no podrían asistir. Estaríamos entonces, ante un escenario de alumnos, sin profesores.

Dato

Politólogo y Director de la Operadora del Sistema Universitario de Radio, Televisión y Cinematografía de la Benemérita Universidad de Guadalajara y presidente de la Alianza Mexicana de Productoras y Televisoras Universitarias ) .

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